En privado, él ni siquiera la había tocado.
Mucho menos iba a tener gestos inapropiados en público.
—¡Exacto! —asintió Isaac, pero enseguida corrigió—. No, no. A lo de ustedes no se le puede llamar “presumir amor”. Eso sería darles demasiado crédito. Lo suyo es adulterio.
Natalia inclinó ligeramente la cabeza.
—Ya, Isaac. No vale la pena seguir. Y no actúes por impulso. Aunque los vieras en la cama, no te metas.
—¿Cómo que no me meta? ¿Eso también lo vas a aguantar?
—No es aguantar —respondió el