Camila se quedó helada, totalmente desconcertada.
Pero su asombro fue mayor cuando, antes de que pudiera articular palabra, vio aparecer a Natalia justo detrás de Diego.
Natalia caminaba cabizbaja, observando una mancha de agua en el borde de su blusa, con el ceño fruncido y un aire de fastidio.
—Diego, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? Cuando te lavas los dientes, no dejes el agua salpicada por todo el lavabo. ¿Es que no aprendes?
Se acababa de cambiar de ropa y, al acercarse al mueble del b