Camila entró a la estancia llena de expectativas.
De inmediato vio al mayordomo y a Lupe, que estaba a su lado, pero no le dio ninguna importancia a la mujer.
—¿Y Diego? —preguntó Camila al mayordomo—. ¿Aún no se levanta?
—No, el señor sigue durmiendo.
—¿A esta hora? Qué raro, Diego nunca se queda en la cama hasta tarde —Camila miró su reloj—. Iré a despertarlo.
Caminó por su cuenta hacia las escaleras, pero Lupe se movió con rapidez y se interpuso en su camino.
—Señorita, no se permite que per