Camila salió de las oficinas del Grupo Ferrer.
Sabía que hoy se había precipitado, que no debió haberle dicho esas cosas a Diego.
Pero la inseguridad la carcomía, especialmente después de haberse topado con Sebastián.
Solo de pensar en su nombre, sentía que se le erizaba la piel.
Aceleró el paso hasta llegar a su carro.
Justo cuando tiraba de la manija de la puerta, un movimiento por el rabillo del ojo la hizo palidecer.
Era una figura familiar.
¡Sebastián!
Camila ahogó un grito; el rostro s