—Ve —dijo Sebastián, haciéndose a un lado para abrirle paso—. Está en la sala de juntas.
Camila aceleró el paso de inmediato, pasando junto a él con urgencia.
La mirada de Sebastián se mantuvo clavada en ella, cargada de un significado turbio.
Sin voltear a verlo, ella sintió esa punzada de pánico, como si estuviera escapando de una escena del crimen.
Sebastián observó su figura hasta que desapareció y, lentamente, dejó escapar una sonrisa.
Esto se ponía cada vez más interesante.
Camila sentía