Tras el almuerzo marcado por la tensión que provocó la aparición de Verónica, el ambiente dentro del coche fue recuperando poco a poco la calma. Lilian se sentaba en el asiento delantero, girándose de vez en cuando para asegurarse de que Gabriel y Aurora no se aburrieran durante el trayecto. Pero lejos de eso, los dos niños parecían encantados, riendo y jugando como si lo ocurrido en el restaurante no hubiera tenido la menor importancia.
—Papá, ¿esta tarde puedo volver a jugar con Gabriel? —pre