Lucien se quedó en silencio, mirándola de frente.
Durante unos segundos interminables no dijo nada. Sus ojos recorrieron el rostro de Margaret como si intentara memorizarlo, cada segundo frente a ella en ese momento, era demasiado valioso como para perdérselo. Luego negó con la cabeza.
—Lucien… —insistió Margaret, con la voz más baja, mostrándose un poco más vulnerable—. Mírame. Dime qué está pasando.
Él no respondió.
Giró sobre sus talones y caminó hacia la ventana. Apoyó una mano contra el v