Lucien se quedó en silencio, mirándola de frente.
Durante unos segundos interminables no dijo nada. Sus ojos recorrieron el rostro de Margaret como si intentara memorizarlo, cada segundo frente a ella en ese momento, era demasiado valioso como para perdérselo. Luego negó con la cabeza.
—Lucien… —insistió Margaret, con la voz más baja, mostrándose un poco más vulnerable—. Mírame. Dime qué está pasando.
Él no respondió.
Giró sobre sus talones y caminó hacia la ventana. Apoyó una mano contra el vidrio frío y se quedó observando la ciudad desde lo alto, intentó ocultar lo frágil que se sentía en ese momento, habían sido semanas difíciles, solo por intentar proteger a las mujeres que más amaba en su vida, pero parecía que todo se quería salir de control, y hasta abrazar a Margaret, era un completo desafío.
Lucien abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Tragó saliva. Su mandíbula se tensó. Y el silencio se volvió insoportable.
Margaret sintió un escalofrío recorrerl