Margaret permanecía sentada en su escritorio, con la espalda recta y varios documentos abiertos frente a ella, pero su atención no estaba en las cifras ni en los contratos. La luz de la mañana se filtraba por el ventanal de su oficina y el anillo en su dedo capturaba cada destello, movía su dedo en diferentes direcciones para poder admirar con mayor detenimiento la joya.
Apenas suspiró…
La propuesta de Lucien no había sido formal. No hubo cena privada en un salón reservado ni discursos perfecta