La escena era completamente caótica, pero no para la banda de Lucien, sino para la de Antonio, la mayoría de los cuerpos que yacían en el piso muertos o heridos, eran del bando de ese bando, ya no había nadie contra quien seguir luchando.
Lucien levantó la mano.
—¡Alto al fuego!
La orden se propagó con rapidez entre sus hombres. Uno a uno fueron bajando las armas, aunque la tensión seguía latiendo en cada músculo.
Agitado, con la respiración aún acelerada, buscó a Margaret entre el humo.
La enc