Margaret estaba sentada en su escritorio, pero no veía realmente los informes abiertos frente a ella. Sus dedos sostenían la tarjeta de presentación que Lucien le había dado la última vez que se vieron. La giraba lentamente entre el pulgar y el índice, una y otra vez, tratando de conectar con alguna respuesta.
Margaret cerró los ojos un instante y respiró hondo. Había intentado convencerse de que Lucien solo estaba exagerando, de que su actitud había sido producto del estrés, del miedo, de asun