—¿No es muy tarde para que salgas ahora? —preguntó su madre, mirando el reloj en su muñeca sostenía a la bebé con cuidado—. Pensé que ya habíamos terminado por hoy.
Margaret se detuvo un segundo junto a la puerta del auto. Apretó el bolso contra su costado y respiró hondo antes de responder.
—Surgió algo urgente en la sucursal de la ciudad de al lado, mamá —dijo, tratando de ocultar los nervios en su voz—. Un problema que no puede esperar hasta mañana. No me voy a demorar.
Su madre la observó con atención, conocía a Margaret, y aunque le dijera que no debía irse, tampoco la detuvo.
—Últimamente todo es urgente para ti —murmuró—. Estás llegando al límite, Margaret.
—Lo sé, mamá, pero no me demoro—le sonrió. —Puedes cuidar a la bebé por mi un rato, por favor.
—Eso no lo tienes ni que preguntar. —dijo la mujer sonriéndole a la bebé.
Margaret tomó el teléfono, revisó la hora otra vez y luego miró a su madre.
—Dile al conductor que te lleve directo a casa, por favor. Quiero que la bebé