Los últimos meses del embarazo pasaron en una calma extraña para Margaret. Aunque fuera una paz momentánea, se sentía placentera; era más bien un silencio lleno de cosas que no se decían, un equilibrio que podía romperse con solo tocarlo.
Adrien iba a verla con frecuencia. Llegaba siempre con alguna historia absurda sobre la empresa, con bromas listas para arrancarle una sonrisa… o por lo menos para distraerla.
Pero quien parecía su sombra, quien cruzaba la puerta del hospital casi a la misma h