CAPÍTULO 79

Los últimos meses del embarazo pasaron en una calma extraña para Margaret. Aunque fuera una paz momentánea, se sentía placentera; era más bien un silencio lleno de cosas que no se decían, un equilibrio que podía romperse con solo tocarlo.

Adrien iba a verla con frecuencia. Llegaba siempre con alguna historia absurda sobre la empresa, con bromas listas para arrancarle una sonrisa… o por lo menos para distraerla.

Pero quien parecía su sombra, quien cruzaba la puerta del hospital casi a la misma hora cada día, cargando flores frescas, era Lucien.

No importaba si ella le hablaba o no. Si lo miraba o no. Él llegaba igual.

Aquella mañana entró sin avisar, como si el pasillo fuese suyo. Llevaba un ramo de peonías blancas y una expresión cansada, aunque intentaba disimularlo.

—Te conseguí las que te gustan —dijo, acercándose a la mesa junto a la ventana.

—No pedí flores —respondió Margaret sin mirarlo, mientras acomodaba la almohada detrás de su espalda.

—Lo sé. Pero aun así las traje.

Ella s
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