El camino transcurrió en silencio, y a decir verdad, era un silencio cómodo, pues desde hacía mucho tiempo entre ellos no existía un momento de paz. Los últimos encuentros habían estado cargados de discusiones, reproches y heridas que parecían imposibles de cerrar. Desde aquel día en que Lucien le pasó los papeles del divorcio, algo en Margaret se quebró para siempre.
Él la observaba de reojo mientras conducía, con el ceño fruncido y los labios apretados. No podía evitarlo. Por más que se repit