La mañana apenas comenzaba cuando la calma habitual en las oficinas de Silver se rompió de forma abrupta.
Varias puertas se abrieron al mismo tiempo y las voces firmes de hombres desconocidos hicieron que los empleados levantaran la cabeza de sus escritorios con desconcierto. Nadie entendía lo que estaba pasando. En cuestión de segundos, el lugar que solía funcionar sin ningun contratiempo, se convirtió en lago parecido a un campo de guerra.
Un grupo de funcionarios avanzaba por el vestíbulo co