Margaret apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la palma de sus manos, pero ni siquiera el dolor físico lograba contener la furia que le hervía por dentro. Levantó la mirada y la clavó en los ojos de Lorain, mostrándole ese profundo odio que la consumía.
—Ni sueñes que vas a poder conmigo —dijo con la voz cargada de veneno—. Porque si quieres guerra… voy a darte una guerra como no la imaginas, Lorain. Y esta vez no te voy a dejar escapar como otras veces.
Lorain sonrió.
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