—Margaret, querida, dime ¿De donde proviene tu familia? No logro ubicarte por completo. —era la quinta pregunta que el señor Ferrer le había hecho, y aunque ella se sentía un poco incomoda, no dejó de responder.
—No tenemos un renombre señor Ferrer, no así como el suyo.
El hombre se quedó observándola completamente ensimismado, con detenimiento, de arriba abajo, y sus ojos no se apartaban de ella, pero era demasiado difícil comprender su expresión y la razón por la cual la miraba de esa forma.