Lucien estaba sentado en su despacho, cerró la carpeta con las fotos que Gael le había enviado sobre los ataques a Margaret y resopló, nadie más volvería a meterse con ella. Tenía los codos apoyados sobre el escritorio y la mirada fija en un punto indefinido, aunque ella se negaba a aceptar lo que sentía por él, las siguientes noches habían sido apasionadas, y eso sí que lo motivaba a cuidarla.
La pantalla de su teléfono se iluminó de repente.
Lucien bajó la mirada, y apenas reconoció el número