El mismo día
Kazanlak
Arianna
Hubo una época en la que las palabras, los besos y las miradas bastaban para acelerar mis latidos. Pero los golpes me endurecieron; me obligaron a levantar barreras y a encerrarme detrás de un muro que nadie pudiera atravesar. No es que dejara de sentir, no… simplemente aprendí a pensar mil veces antes de permitir que alguien se colara en mi vida. Tomé distancia. Era la única manera de no romperme otra vez.
Sin embargo, desde que me crucé con Dominic Todorov, todo eso empezó a tambalear. Fue un choque frontal que alteró mi equilibrio. Ese hombre tenía la irritante capacidad de enfurecerme y, al mismo tiempo, descolocarme con cada gesto suyo. Y si eso ya era demasiado, haberme arrastrado a la bodega en la madrugada me dejó demasiado cerca de él, demasiado expuesta.
Ese beso… por más que quise resistirme, no pude. Perdí la voluntad en cuanto sus labios rozaron los míos. Fue deseo, sí, y también rabia conmigo misma por sucumbir. Pero había algo más, algo que