Lo que estalla en silencio (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Dominic
Actuar cegado por la rabia y la frustración siempre había sido una mezcla explosiva y peligrosa para mí, pero nunca me detuve. No me importaba nada. Sin embargo, el escenario empeoró… o más bien estuvo a un segundo de estallar, de hacerme perder la cabeza, porque resultó irritante—humillante—encontrarme con la presencia de ese gusano traidor de Lucca Petrovic en el Divinas.
Y si eso no era ya suficiente, lo que disparó mis ganas de aplastarlo fue su comentario sobre Arianna: «Aléjate de mi mujer».
Fue un golpe directo a mi orgullo. Me sentí un imbécil. Celoso. Furioso. Negado a aceptar que ese parásito hubiera sido algo suyo. Ella había remarcado que el club era importante, que jamás protegería a un sujeto tan ruin como Petrovic… y aun así, yo no estaba seguro de que no cediera ante sus exigencias.
En otro momento de mi vida no hubiera sido tan civilizado. Le habría disparado ahí mismo por desafiarme. Pero ella… Arianna me frenaba. Me contenía. O peor aún