Dolor, angustia y más (2da. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Dominic
Los siguientes minutos con las manos al volante sentí el corazón en vilo, sentí que el destino estaba empeñado en romperme en mil pedazos. Como si estuviera condenado a vivir en los escombros por culpa del legado de Oleg Todorov. Una historia que se volvía a repetir, donde comprendí muy tarde que amar tenía un precio muy alto en mi mundo. Aun así, me negaba a perder a Arianna, a la mujer que me devolvió las ganas de vivir.
Pisaba el acelerador, rebasaba vehículos, m