Que comience el infierno (1era. Parte)
El mismo día
Moscú
Viktor
Había errores que sobrevivían, incluso cuando uno deseaba extirparlos de raíz. Bogdan era uno de ellos. Mi hijo. Un psicópata sin una pizca de lealtad, impredecible, capaz de clavarme un cuchillo en la espalda si eso le garantizaba placer o ventaja. Sin embargo, llevaba mi sangre. Y peor aún: era el único nieto del viejo Oleg. Una carta que debía jugar con extremo cuidado.
Con mi padre respirándome en la nuca, no podía dar un paso en falso. No con Bogdan. No ahora. Cualquier movimiento impulsivo sería interpretado como debilidad, y Oleg jamás perdonaba eso.
Y ahí estaba con el celular pegado al oído cuando Mikael insistía desde la otra línea. Lo escuchaba, pero también sentía la mirada del viejo atravesándome la espalda, pesada, inquisitiva. Esperé. Dejé que el silencio se alargara hasta incomodarlo.
—Mikael —dije por fin, con la voz controlada—, no estamos hablando de un simple empleado. Ese idiota lleva mi sangre. Eliminarlo ahora no es el camino.
—Pero alg