[ZAED]
El edificio del registro civil no tiene nada de extraordinario. No hay mármol brillante ni vitrales ni escaleras imponentes. Solo una fachada clara, sobria, casi anónima, y una puerta de vidrio que se abre y se cierra con el murmullo constante de la ciudad.
Y aun así, cuando nos detenemos frente a ella, siento algo parecido al vértigo. No el que empuja a huir, sino el que aparece cuando sabes que estás a punto de saltar hacia algo definitivo.
Alya aprieta mi mano. No con miedo. Con consc