[ALYA]
Una semana después de convencerme de que todo está bajo control, estoy sentada en una camilla fría, con gel transparente sobre el vientre y el corazón latiéndome demasiado rápido.
Doce semanas.
Casi trece.
El médico mueve el transductor con calma, profesional, mientras en la pantalla aparece esa silueta diminuta que ya no parece un punto abstracto, sino una forma reconocible. Cabeza, torso, pequeños movimientos que me dejan sin aire.
Zaed está a mi lado, de pie, sosteniendo mi mano. No h