[ZAED]
Las tres semanas pasan sin avisar. No como una cuenta regresiva, sino como una sucesión de días que se acomodan unos sobre otros hasta volverse vida. No hay un momento exacto en el que dejamos de sentirnos en tránsito. Simplemente, un día despertamos y Milán ya no se siente prestada. Se siente nuestra.
Alya duerme a mi lado cada mañana con una mano sobre su vientre, como si incluso dormida necesitara anclar lo que está creciendo dentro de ella. A veces frunce el ceño, a veces sonríe sin