Mundo ficciónIniciar sesiónCuando termino la ceremonia, Rose perdió el conocimiento. Cuando abre los ojos tiene que sentarse en la cama de la habitación que le asignaron, la cabeza le da vueltas y el calor en su vientre le hace saber que, no se trata de un sueño.
Y que todo lo vivido fue bastante real.
Lo cual lo hace aún más peligroso.
El impulso de colocase de rodillas y rezar la azota, sus manos tiemblan al igual que su cuerpo, cierra los ojos tratante de pensar en una plegaria, pero su cabeza nuevamente se mantiene en blanco.
—Padre nuestro…—Empieza ella con voz baja, trata de concentrarse, lo hace realmente, pero, cada que trata de hablar, las palabras se quedan atrapadas en su garganta, hace un esfuerzo para pronunciarlo. —Líbrame del mal. —Susurra con voz quebrada.
La sensación de una cálida respiración en su cuello se hizo presente, Rose permanece con los ojos cerrados, siente el corazón golpear fuerte contra su pecho.
“¿Por qué pedirías que te liberen de lo que te hace sentir viva?”
Niega con la cabeza, creyó escuchar la voz del líder de todo esto, ese tal Leonardo. Y la simple idea de imaginarlo detrás de ella, soplando en su cuello de manera tan íntima, logra que su piel se erice.
—Guíame para lidiar con esto…—Murmura cuando vuelve a concentrarse, sin embargo, un escalofrió dorsal la recorre, tanto como para hacerla arquearse en su lugar, sus pezones se han endurecido de la nada.
Se siente como si alguien la estuviera tocando, y esta despierta para sentirlo, solo que, ella sabe que está sola.
Porque ella está sola.
¿Verdad?
“Nunca te haría daños, Rose…solo quiero que me dejes adorarte.”
La imagen de ese joven de ojos verdes y nariz sangrante llega a su mente, hay algo en él que la hace sentir extraña, no sabe si quizás es otra alma atrapada en este lugar o quizás, deba tenerle más miedo que a los otros dos.
—Ayu..dame…a ser buena persona…ayúdame. —Una delgada lagrima se resbala por su mejilla, sin embargo, todo su cuerpo tiembla sin que ella pueda hacer algo al respecto. Entre sus piernas hay un calor descomunal que grita por más, que ruega por continuar.
“Reza más fuerte, quiero oír como suenas cuando suplicas de verdad.”
Rose abre los ojos en el instante que la imagen viva de Matteo, aquel que le coloco unas pesadas cadenas en la iniciación se hace presente en su mente. La mira con odio y parece ser tosco con ella, ¿Eso debería ser correcto?
Rose no lo sabe, pero algo le dice que la presencia de aquellos tres no es buena.
(…)
Más tarde, Rose acabo de rezar, sin embargo, siente que no ha hecho nada. Las rodillas le duelen por estar tanto tiempo en el mismo lugar, arrodillada. Se siente frustrada y se percata al mismo tiempo de que, ya no lleva aquel vestido de antes.
Tiene un simple vestido blanco de tirantes hasta los muslos. Al igual que la última vez, Rose no tiene ropa interior, y siente vergüenza. ¿quiere decir que la desvistieron cuando estaba inconsciente?
—Talvez fueron las devotas—Se dice a sí misma, queriendo creer que fue así. Pero, eran extrañas, al igual que aquellos tres. Quizás aceptar esto fue una mala idea, quizás debería irse ahora.
Puede aún tenga salvación.
Quizás…
La sensación de frio la invade de pronto, pese a que la ventana de su habitación yacía cerrada. Rose niega con la cabeza, debería dar un paseo. No se siente cansada extrañamente, y no sabe cuánto tiempo ha estado dormida.
Pero en su habitación no hay prenda con la cual cubrirse, el armario de manera frente a su cama no tiene prendas. Y esto se le hace extraño.
Solo tiene el vestido para cubrirse y sin ropa interior, después de pensarlo por lo que parecieron horas, Rose toma el valor suficiente para animarse a salir de la habitación, interceptar a alguna de las devotas o quizás algún adorador y pedirle su ropa.
Sin embargo, cuando está a punto de tomar el pomo de la puerta, esta se abre.
La figura de 1.90 metros se presenta ante ellas, ropas sagradas blancas adoradas con dorados y unos ojos grises la observan, Rose retrocede dos pasos de manera instintiva, la sonrisa de Leonardo se lo confirma.
—¿Tratando de escapar? —Le pregunta él, no es una acusación, tampoco pareciera que la reprende. Caso contrario, aquel hombre parece divertido por verla en ese estado.
Rose se cubre tanto como puede, no es que el vestido sea suficiente pero el rubor recorre su rostro. Las palabras no salen de ella, sin embargo, lucha por hacerlo.
—Claro…claro que n-no, ¿Por qué lo haría? —Leonardo inclina la cabeza un poco. Rose toma compostura y aclara su garganta, algo en él, la hace sentir nerviosa. —Es decir… ¿Qué hace aquí? —Pregunta ella.
—No deberías dejar la puerta sin seguro. —dijo Leonardo, entrando sin invitación.
Sin embargo, ignoraba la excitación que sentía. Y se reprendía por eso, no era el momento ni el lugar. Rose decidió sentarse en su cama, si lo hacía, no tendría la sensación de que en cualquier momento se caería.
—¿Q-qué haces aquí? —Volvió a preguntar ella, luchando por no sentirse intimidada, sin quererlo mira hacia el piso, Leonardo tenía una belleza ridícula, ojos grises que jamás había visto en ningún hombre, cabello oscuro que cae sobre su frente, unas manos marcadas y lo demás, estaba oculto bajo esa sotana.
Concéntrate.
—La pregunta es… qué haces tú aquí. —su sonrisa era suave, peligrosa—. Una devota verdadera no reza llorando después de la iniciación. Pero tú… tú suplicas con el cuerpo, no con el alma. —Leonardo se acercó lentamente, hasta sentarse al borde de la cama. El colchón se hundió bajo su peso y el aire cambio de pronto.
Esto es malo.
—Rose… —sus dedos apartaron el mechón que cubría su rostro— ¿Sabes cuál es tu verdadero pecado? —La pregunta llega a ella de una manera inesperada. Claro, es normal que lo pregunte, si era parte de la iglesia.
Ella traga saliva.
—La lujuria…—Murmura con pena, le ha costado admitirlo, pero en el pasado logro aceptarlo. Pese a que no hacia alarde o lo decía con orgullo, para Rose, aquello era malo.
—No. —rio bajo, como si fuera algo para reírse. —La mentira. Finges querer pureza… cuando en el fondo, sueñas con ser devorada. —Rose apretó la manta contra su pecho.
—No es cierto…—Dice ella con voz quebrada y rostro ardiendo.—Oh, pequeña. —Leonardo se inclinó hasta que sus labios rozaron su oído— Yo escucho tus pensamientos cuando rezas. Cuando lloras… cuando tocas tu propia piel en la oscuridad.
Rose se tensó rápidamente. ¿La había estado espiando?
—M-mientes…no es verdad…yo no…—Leonardo la interrumpe ante sus balbuceos dudosos.
—¿Quieres que lo pruebe? Leonardo no la tocó, no aún. Simplemente deslizó su mano por la manta, trazando el contorno de su pierna como si jugara con un secreto.
Quería provocar la reacción de Rose, quería ver que tan lejos era capaz de llegar. Después de todo, aquel que se esfuerza por negar su naturaleza, es cuestión de tiempo para que explote.
—Puedo detenerme si lo pides. —Susurro Leonardo, tentativo, lleno de un orgullo que ella jamás había visto en su vida. Los hombres de su pasado deseaban poseerla con solo verla. Pero ahora, esto es distinto.
Rose cerró los ojos, calmado sus sentidos, deteniendo sus ansias porque continuara. Pese a que por dentro suplicaba porque el toque continúe, tiene que continuar con la fachada que tanto se esforzó por construir.
—Detente…—Suplica ella con la voz en un hilo. Humedece sus labios mientras trata de no caer en la tentación. Claro que lo hace.—No lo dices en serio. —Leonardo inclinó y la besó. No fue un beso desesperado, fue lento, calculado, como si la estuviera marcando desde afuera.
Cuando se apartó, Rose jadeaba. Aquel beso fue algo que nunca había experimentado en su vida, la cabeza le da vueltas y quiere más, por eso, cuando Leonardo se aparta, reprime un gemido de desesperación.
—¿Por qué… haces esto? —Ella traga saliva, se ha descubierto a su misma excitada, su entrepierna palpitante se lo confirma y Leonardo, parece notarlo, pero, no dice nada.
—Porque nadie te ha enseñado a disfrutar el pecado sin sentir culpa.







