19: Perdido.

«Necesitaras algo mas para recuperar lo que has perdido».

A duras penas, Rose ha logrado llegar a la “seguridad” se su habitación. Se dirige al baño con la intención de limpiarse y quitarse la sensación terrosa de la pared en su espalda, también, su cuerpo se encuentra manchado con la esencia de Luca.

Sumado a la sangre nasal que, mancho el habito de esa noche.

El agua tibia se siente demasiado bien para Rose, lava su pelo, cierra los ojos y todo se llena de vapor. En menos de 48 horas ha sido tomada por los maestros Matteo y Luca. El primero, pareciendo algo completamente distinto a un monje o sacerdote.

Pero, su sola presencia era aterradoramente inquietante. Una sola mirada de Matteo fue capaz de hacerla temblar. No de terror al principio, más bien de anticipación. Al igual que una masoquista que espera el dolor.

Solo que ella, siente placer, y a penas lo estaba descubriendo.

El segundo, teniendo una apariencia inofensiva pero una mirada llena de lujuria y obsesión. En menos de una hora, Luca había hecho que Rose tuviera un extraño sentimiento en su pecho, solo que no sabe ponerle nombre.

Sea lo que sea, siente que algo anda mal aquí, al principio pensó que se trataba de una coincidencia, quizás no dormir adecuadamente y por eso se sentía alucinar.

Sin embargo, cada que piensa las devotas o los maestros parecen escuchar sus pensamientos. Las devotas son escalofriantes, los adoradores parecen tenerle miedo a todo lo que tenga que ver con ellas. Y los maestros, desaparecen y aparecen sin que ella le encuentre alguna lógica.

Sumado a esto, no paran de llamarla “humana”, si bien es cierto que algunos términos como “impíos o profanos” suelen usarse para las personas que no están congregadas a una iglesia. Quizás el hecho de que ella pertenece al “mundo del hombre” pero, cada que pueden se refieren a ella como una simple humana.

¿Acaso no todos los eran allí?

Esa es la pregunta que parece no tener respuesta.

Otra pregunta se planta en ella, aquella pulsera que Luca tenia consigo luego de coger contra la pared del jardín central del templo, la dejo pensando.

—¿De dónde…la habrá sacado? —Murmura ella echando hacia atrás su pelo una vez lo termino de lavar. —Recuerdo haberla perdido hace tiempo…que extraño. —Rose decide no darle más vueltas al asunto y continúa lavándose adecuadamente.

Pero la inquietud sigue ahí, no se va, solo queda pausada y nada más.

Cuando Rose abre los ojos, se siente más ligera pero el cansancio sigue instalado en su cuerpo. Quiere dormir tanto como pueda.

Pero luego recuerda que, Luca le había dicho que debía de presentarse en el ala sur del templo. Empezaba a creer que no era buena idea, sin embargo, si se atrevía a desobedecer, no quería saber que cosas podrían pasarle.

Quizás Luca la castigaría igual o peor que Matteo.

La sola idea se instala en su vientre, ardiendo, y la sensación de calor se apodera entre sus piernas.

—No es momento para excitarse. —Se reprende a sí misma. —Quizás rezar ayude a calmar estos pensamientos. —Murmura para sí misma, sintiéndose sonrojar por los pensamientos que se niegan a salir de su cabeza.

(…)

Rose salió de la ducha envolviéndose en una toalla seca. Evitó mirarse al espejo; sabía que encontraría marcas rojas en sus caderas y el labio aún hinchado. Se colocó un hábito gris limpio, se sentó al borde de la cama y tomó el Rosario entre sus manos delicadas, apretándolo con fuerza contra su pecho.

Dios te salve, María, llena eres de gracia... —comenzó a susurrar, cerrando los ojos.

Intentó concentrarse en las palabras sagradas, pero la imagen de los ojos verde esmeralda de Luca fijos en ella y la ruda dominación de Matteo saboteaban cada una de sus oraciones. El Rosario, que se suponía era su única conexión con la fe y su cable a tierra, se sentía extrañamente frío en sus dedos. Su propio cuerpo traidor enviaba pulsaciones de calor a su entrepierna con el simple recuerdo de las estocadas en el jardín.

Al darse cuenta de que el rezo no apagaría el fuego de su vientre, suspiró rendida. Miró la hora y decidió que, por ese día, había vivido demasiadas emociones.

Necesitaba descansar, para cuando despertara en la mañana, el Ala Sur la estaría esperando. El cansancio se manifestó en su cuerpo y casi de inmediato, al tocar el colchón los ojos de Rose pesaron, cerrándose al instante.

Para la llegada de la mañana, Rose encontró el mismo desayuno consistente en avena en la mesita de su habitación gris. Extraño, según recuerda debía ir al comedor o algo así, pero, no quiso darle más vueltas al asunto.

Después de hacerse completamente decidió que lo mejor era irse tan pronto como le fuera posible. Luca le había mencionado que respondería a sus preguntas, sin embargo, algo en su tono de voz no la convencía del todo.

Con el corazón latiendo a un ritmo apresurado, Rose abandonó la habitación y se adentró en los pasillos silenciosos del templo. A diferencia del Ala Oeste de Matteo, que era tosca y olía a azufre, el Ala Sur se sentía extrañamente lujosa.

Las paredes de piedra gótica estaban cubiertas por cortinajes de seda morada y el aire estaba impregnado de una fragancia densa a lavanda y opio que embotaba los sentidos al instante.

Llegó a una enorme puerta de madera tallada con la figura de una serpiente enroscada. Rose tragó saliva y empujó la puerta.

El interior parecía sacado de un sueño profano. Era un santuario privado, iluminado por cientos de velas flotantes que bañaban el lugar en una luz violeta.

En el centro, sobre un altar cubierto de cojines de terciopelo, Luca la esperaba. No vestía las ropas holgadas de antes; llevaba una túnica de seda oscura entreabierta que dejaba ver su piel blanca, partes de su clavícula, poseía un aura casi etérea.

Era muy diferente a como lo vio ayer, no era el mismo joven que temblaba arrodillado a sus pies. Contrario a eso, se veía mas amenazante, y por cuestión de segundos, Luca le recordó a Leonardo y Matteo.

Rose es recorrida por un escalofrío en el instante que se percata de una enorme serpiente de escamas negras y ojos brillantes que siseaba suavemente, pero Luca la acariciaba con absoluta tranquilidad.

Casi pareciera que se trataba de algún animal inofensivo.

Al ver entrar a Rose, los ojos verdes esmeralda del joven brillaron con una alegría casi infantil.

—Viniste... tú…realmente cumpliste tu promesa…mi musa. —murmuró Luca, poniéndose en pie con gracia. Su voz suave y seductora arrastró un eco que pareció vibrar en las paredes.

Rose se quedó estática junto a la entrada, frotando sus manos inquietas.

—Vine porque me lo ordenó, Maestro...Luca. —corrigió de inmediato al recordar su advertencia de la noche anterior.

—Ven…ven aquí, conmigo. —Murmura Luca. —Necesito tenerte conmigo para saber que no me encuentro soñando. —Rose casi da un paso hacia adelante, atraída por la confianza que muestra Luca.

Sin embargo, recuerda a lo que vino hoy.

—Yo no voy a dar un paso más hasta que me responda algo. —Se arma de valor. La mirada de Luca cambia unos segundos, un destello triste cruzo su rostro.

Tiene que ser fuerte.

—¿Qué es este lugar exactamente? ¿Por qué todos me llaman "humana" como si ustedes no lo fueran? ¿Y de dónde sacó esa pulsera? —Luca guarda silencio, escuchando las preguntas de Rose una por una.

Luca guardó silencio. Su sonrisa nerviosa apareció por un segundo, pero al ver la seriedad y la fuerza interna en los ojos rojos de Rose, sus facciones se tornaron serias, directas y dominantes. Dejó que la serpiente se deslizara al suelo y caminó hacia ella sin hacer el menor ruido.

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