Mundo ficciónIniciar sesión«Entrégate por completo, sin mirar atrás. ».
Rose se aferró a los hombros de Luca mientras su espalda golpeaba el frío muro de piedra del jardín. El hábito gris quedó enrollado en su cintura, dejándola completamente expuesta a la brisa de la noche y a la voracidad del joven.
La boca de Luca era fuego líquido contra su piel; la lamía y la mordía con una desesperación casi dolorosa, emitiendo gemidos ahogados que delataban lo mucho que su cuerpo había ansiado ese momento.
—Luca... detente... alguien puede vernos... —intentó suplicar Rose, pero su propia voz la traicionó, saliendo quebrada y húmeda.
Su cuerpo estaba estimulado al límite apenas horas antes por Matteo, reaccionó de inmediato ante la boca experta y hambrienta de Luca. Su centro comenzó a pulsar, derramando una oleada de calor que el joven recibió con un gemido de pura satisfacción.
Luca levantó el rostro por un segundo; sus ojos verdes brillaban con una intensidad sobrenatural en la oscuridad y sus mejillas estaban encendidas en un rojo febril. El hilo de sangre que antes brotaba de su nariz ahora manchaba sus labios, dándole un aspecto tan hermoso como de pesadilla.
—¿Crees que me importa que alguien nos escuche? —Murmuro Luca en su lugar. —Que todos sepan…que se enteren que eres mía completamente. Que todos en este lugar maldito lo sepan. —susurró Luca con una voz que ya no tenía nada de tímida. Era la voz de un hombre consumido por una obsesión sin retorno. — Eres mi salvación. No voy a dejar que te alejen de mí. —Sentencio él.
Sin esperar un segundo más, Luca desabrochó sus ropas y, sosteniendo las caderas de Rose en el aire con una fuerza asombrosa que contradecía su apariencia delicada, se hundió en ella de un solo golpe limpio y profundo.
Desconoce el momento exacto en el que Luca había bajado sus pantalones o tan siquiera escucho como este desabrochaba sus pantalones. Solo lo sintió de inmediato.
Rose abrió la boca en un grito mudo, arqueándose contra la piedra. A diferencia de la ruda dominación de Matteo o el juego mental de Leonardo, la penetración de Luca se sintió como una invasión absoluta de su alma.
Él la embestía con un ritmo rápido, desesperado, casi lloroso; la besaba con torpeza y devoción al mismo tiempo, devorando sus labios mientras sus manos bendecían y marcaban cada centímetro de sus muslos.
—Dime que soy tu todo... dímelo, Rose... —le rogaba él entre gemidos, hundiéndose cada vez más profundo, buscando fundirse con ella hasta desaparecer.
Rose ya no podía pensar. El vaivén en el jardín era errático, el aroma a lavanda mezclado con el olor de su propia entrega y las lágrimas de placer que comenzaron a brotar de sus ojos rojos la sumergieron en el abismo.
Su cuerpo se tensó, las paredes de su intimidad se contrajeron con violencia y, con un último gemido que se perdió en la inmensidad de la noche, Rose llegó a un orgasmo devastador justo en el momento en que Luca, soltando un llanto de pura liberación, se derramaba dentro de ella, sellando su pacto de lujuria bajo la mirada cómplice de la luna.
(…)
—Eres maravillosa…y tan mía, solo mía…malditamente mía. —Murmuraba Luca una y otra vez, sin haber salido de Rose, la mantenía cautiva entre sus brazos, ella que aun trataba de recuperar la cordura perdida, balbuceaba palabras que no tenían significado alguno.
¿En qué momento ocurrió todo esto? Si aquel joven parecía tan inofensivo, y el cual casi de inmediato tomo posesión de ella, reclamándola como suya, con una posesión que la hacía temblar de pies a cabeza.
La mirada de Rose se enfoca en Luca, quien tiernamente le sonríe y él, acaricia su mejilla. Como si esto fuera normal, quizás para él, cogerse a la nueva devota era algo a lo que estaba acostumbrado. Quizás, eso hacia él con las demás y ella, solo era una más del monto.
—No.—Rugió de pronto Luca, cubriéndola más a su cuerpo. —No pienses en eso…yo jamás…jamás he tocado a otra más que a ti…—Le dice cerca, íntimo y en voz baja. —Las demás devotas no son como tú…no son tú…y tú Rose, eres mía. —La nombrada parpadea, incrédula.
Jura que eso solo lo dijo en su cabeza y que, nadie la había escuchado.
¿Verdad?
—Te ruego que no pienses así de mí. —Le dice él con voz cortada. —Ellas no significan nada para mi…mientras que tú eres mi todo. —Hay algo en sus palabras que se sienten como una verdad absoluta. —Mi devoción…es completamente para ti, Rose. —Ella se sonroja.
Hay algo raro en todo esto. Y debe averiguarlo lo antes posible.
—Maestro…Luca. —Murmura ella, aun entre sus brazos, el joven, la mira casi de inmediato ella dice su nombre.
—Solo, Luca. —Dice él rápidamente. —Las formalidades solo exciten entre las otras…y ellos. —Murmura. —Pero tú, llámame como quieras…puedo ser lo que quieras…incluso tu perro fiel, mientras no me dejes…seré tu universo. —Rose siente su cabeza volverse un caos. Suspira, calmándose.
—Luca. —Dice ella de manera suave, y tratando de no demostrar que estaba nerviosa. Casi de inmediato, su interior se estremece, y la dureza de Luca en su interior la hace estremecer, por escasos segundos había olvidado que, él aún se encuentra dentro de ella.
Y que él, sigue estando erecto.
¿De dónde salió ese hombre? Casi parece que está siendo consumido por la lujuria misma.
—Podrías decirme… ¿Qué está pasando en este lugar? —Pregunta ella, sonrojada, la sonrisa que le da ese joven la hace sentirse de los nervios porque, le parece lindo y al mismo tiempo ella esta jodidamente caliente porque él sigue ahí.
Sin moverse y contrario a todo, Luca mueve inconscientemente sus caderas, manteniendo a Rose encima de él, abrazada por la cintura, e inclinándose hacia su pecho.
—Te diré todo lo que quieras saber…—Le dice él, sin dejar de sonreír como si fuera un ser puro. —Pero antes, disfrutare de ti un poco más, antes de que ellos aparezcan y traten de alejarte de mí. —Las palabras no salen de los labios de Rose cuando, Luca ya se encuentra cumpliendo su palabra.
Las estocadas se vuelven más profundas, contrario a las de antes, no está siendo rápido, tampoco desesperado. Es como si él supiera que ella ya no ira a ninguna parte y por eso la posee lentamente, de manera profunda se adentra en ella, perdiéndose cuando las paredes internas de Rose se aprietan y se amoldan a su miembro.
—Esto se siente como el maldito paraíso…—Gime Luca saliendo y entrando en ella, admirando la expresión de placer de Rose, aquella que no sabe qué hace y que, enloquece al joven de ojos verdes.
Los movimientos de Luca se volvieron lentos, deliberados, una tortura agridulce que estiraba las paredes de Rose hasta el límite. Cada estocada calaba hondo en su vientre, obligándola a morder el hombro de Luca para no romper el silencio de la noche con sus gritos.
El aroma a lavanda que emanaba de su piel se mezclaba con el calor sofocante de sus cuerpos, creando una atmósfera embriagadora bajo la luz de la luna.
Rose sentía que el mundo se desvanecía. Intentaba procesar el hecho de que él hubiera respondido a sus pensamientos, pero la fricción constante y el pulso ardiente de su propia hipersexualidad le impedían hilar una sola idea coherente.
Su interior se amoldaba a él, atrapándolo en un abrazo húmedo y estrecho que hacía que Luca soltara jadeos temblorosos contra su cuello.
—Mírate, mi musa... estás tan jodidamente deliciosa. —susurró Luca, con la voz rota por el placer mientras sus manos acariciaban sus muslos, subiendo el hábito gris cada vez más— Eres perfecta…fuiste creada para mi desde el segundo uno.
Luca aceleró el ritmo de repente, perdiendo la paciencia que había intentado fingir. Sus ojos verdes brillaron con una fijeza peligrosa en la penumbra. Sosteniendo el peso de Rose con una fuerza sobrehumana, la hundió en un vaivén frenético.
Rose arqueó la espalda, con las lágrimas de placer corriendo sin freno por sus mejillas. El clímax la golpeó como una ola violenta, apretando la anatomía de Luca en espasmos incontrolables.
Luca soltó un gemido que fue mitad súplica y mitad rugido animal. Con una última estocada que la selló contra la pared de piedra, se derramó profundamente dentro de ella, temblando de pies a cabeza mientras se aferraba a su cuerpo como si temiera que, al soltarla, ella fuera a desaparecer.
Se quedaron así durante varios minutos, escuchando únicamente sus respiraciones agitadas en el silencio del jardín. Luca escondió el rostro en el cuello de Rose, dejando pequeños besos húmedos sobre su piel, arrullándola con una ternura que contrastaba de forma alarmante con la ropa interior rota que yacía en el suelo.
Cuando Rose finalmente logró apoyar los pies en el suelo, el mareo la obligó a sostenerse del pecho de Luca. Fue en ese instante, bajo la pálida luz lunar, cuando sus ojos se fijaron con claridad en la muñeca izquierda del joven. Y lo recordó de pronto.
La respiración se le cortó en la garganta.
Allí, atada firmemente a su piel etérea, estaba la vieja pulsera de hilo rojo con el nudo doble desgastado. Era su pulsera. La misma que había llevado puesta el día de la tragedia en su antigua vida, la que creía haber perdido en el accidente antes de despertar en el hospital.
Rose levantó la vista, con los ojos rojos muy abiertos por el shock, encontrándose con la sonrisa mística y perturbadora de Luca.
—Tú... ¿de dónde sacaste eso? —articuló Rose en un hilo de voz, apuntando a su muñeca.
La sonrisa de Luca se ensanchó, tornándose casi melancólica. Dio un paso atrás, dejando que las sombras del jardín comenzaran a envolverlo de nuevo mientras se acomodaba las ropas con una elegancia silenciosa.
—Te he estado esperando por mucho tiempo…Rose. —Murmuro él, el destello verde de sus ojos se vio en la oscuridad, como si fuera algo místico, prohibido, Rose mordió su lengua, asegurándose de que no se trataba de un sueño.
Y no lo era.
—Preséntate mañana en el ala sur. —Un suave escalofrío recorre el cuerpo de Rose. —Todas tus preguntas…serán respondidas, mi Rose, entonces lo entenderás todo.
Sin darle tiempo a replicar, Luca se dio la vuelta y se desvaneció entre los rosales como si fuera una exhalación de la misma noche. Rose se quedó sola en el jardín, temblando, con el Rosario quemándole el pecho y la certeza absoluta de que los tres hombres que la reclamaban ocultaban un secreto que escapaba de toda lógica humana.







