21. Ya era parte de la familia
Emilia Díaz
—Te extraño… —musitó Álvaro, con voz grave rozando mi oído justo antes de besarme nuevamente, lento, como si saboreara cada milímetro de mis labios. Rodeó mi cintura con sus brazos con ese gesto posesivo que tanto me gustaba—. No puedo esperar a besarte y acariciarte como deseo… pero nuestro hijo nos está esperando —añadió con una sonrisa ladeada, traviesa y tierna a la vez.
Sonreí, acariciando su mejilla con el dorso de mis dedos.
—Nuestra vida como padres será muy distinta a la qu