8. Verla de nuevo

Santiago Sandoval

A la mañana siguiente, mi madre nos pidió a papá y a mí que tomáramos el desayuno en algún restaurante del pueblo. No había tantos, pero sí uno que en la actualidad sonaba mucho: se llamaba El Jacal. Se había convertido en un símbolo para el pueblo. Fue una mañana en familia, aunque mi madre no dejó de hablar mal del tío Ignacio. Le molestaba que a las mujeres se las tratara como objetos; por eso decía que nunca le agradó la vida aquí. Pensaba que todos los hombres eran iguale
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