37. Traición con traición se paga
Santiago Sandoval
La cantina estaba tan llena como siempre, con mesas abarrotadas de hombres que ahogaban sus penas en alcohol y humo de tabaco flotando en el aire como una nube densa. Bruno y yo entramos, esquivando algunas miradas curiosas. Sabíamos exactamente a quién buscábamos. Y ahí estaba, en una mesa del rincón, con una botella casi vacía frente a él y el semblante amargo que parecía permanente en su rostro. Marcelo Ramírez.
—¿Qué demonios hacen ustedes aquí? —gruñó Marcelo cuando nos a