El fuego seguía creciendo alrededor de todos.
Las llamas iluminaban el rostro de Samuel mientras sostenía el detonador apuntando directamente hacia Emilia.
Y Adrián sintió cómo el mundo entero volvía a romperse frente a él.
—Ahora sí, Adrián —susurró Samuel—. Elige.
Victoria lloraba desesperadamente atada a la silla.
—¡Papi!
El corazón de Adrián se estaba destruyendo en tiempo real.
Porque aquella escena era demasiado parecida.
La lluvia aquella noche.
Amelia atrapada.
El miedo.
La impotencia.