El sonido de la lluvia golpeando los ventanales era lo único capaz de llenar el incómodo silencio de aquella oficina.Emilia mantenía las manos apretadas sobre sus piernas mientras observaba el contrato extendido frente a ella. Las letras parecían moverse bajo la tenue luz del escritorio, como si incluso el papel supiera que aquello estaba mal.Muy mal.Afuera, la ciudad seguía viva entre luces borrosas y calles empapadas. Desde el piso treinta y ocho de Castellanos Group, todo parecía pequeño. Lejano. Insignificante.Exactamente como ella se sentía en ese momento.—Tienes diez minutos para decidir —dijo Adrián sin levantar la vista de unos documentos.Su voz era tan fría como siempre.Tan distante.Tan insoportablemente controlada.Emilia tragó saliva lentamente y desvió la mirada hacia él. Adrián Castellanos estaba sentado al otro lado del escritorio con esa expresión imposible de descifrar que llevaba todos los días en la oficina. Camisa oscura perfectamente ajustada, mangas recogi
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