El tiempo se detuvo.
El fuego rugía alrededor de todos.
Las llamas consumían lentamente la bodega mientras el humo volvía el aire casi imposible de respirar.
Pero Adrián ya no escuchaba nada.
Solo veía dos cosas.
Victoria llorando atada a la silla.
Y el detonador apuntando hacia Emilia.
Samuel sonreía.
Esperando.
Disfrutando cada segundo de aquella tortura.
—Elige, Adrián.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse nuevamente por el rostro de él.
Porque aquello era exactamente su peor pesadilla.
Otra