El estruendo de los disparos cesó tan rápido como había comenzado.
Los atacantes desaparecieron entre la niebla antes de que los escoltas pudieran alcanzarlos.
Solo quedó el silencio.
Y el cuerpo herido de uno de los agentes, que era atendido por Tomás.
Adrián seguía con el arma levantada, recorriendo el bosque con la mirada.
No confiaba en aquella calma.
Después de unos segundos, habló con una voz firme que nadie le había escuchado desde el inicio de todo.
—Se acabó.
Todos lo miraron.
—A parti