La primera explosión hizo temblar toda la propiedad.
El portón principal salió despedido varios metros mientras las camionetas negras atravesaban la entrada a toda velocidad.
Los atacantes descendieron con una coordinación impecable.
No eran mercenarios comunes.
Se movían como un equipo entrenado durante años.
Adrián los observó desde la ventana del segundo piso.
—No vienen por nosotros...
Tomás recargó su arma.
—Vienen por la memoria.
—Y no podemos permitir que la recuperen.
Las alarmas seguía