El sábado, Rafaela había marcado un examen para saber más sobre el embarazo. Kate, como la amiga dedicada que era, la acompañó, lista para ofrecer apoyo en cualquier situación.
—¿Será que ya vamos a descubrir el sexo? —Kate preguntó, visiblemente emocionada.
—Claro que no, es solo una ecografía. Ese bebé debe estar del tamaño de un frijol todavía —Rafaela respondió, con una sonrisa.
—¡Qué pena! Ya quería comprar un regalo para él… o ella —Kate rió. —Espero que sea una niña, así la casa sigue organizada.
—No me importa el sexo, solo quiero que sea un bebé sano —Rafaela respondió, dejando ver su ansiedad.
—Lo será, amiga, no te preocupes —Kate dijo, tomando la mano de la amiga con cariño.
En la sala del médico, Rafaela se emocionó al oír los latidos del corazón del bebé por primera vez. Siempre imaginó ese momento, pero nunca pensó que sucedería tan rápido y de forma tan inesperada.
—Su bebé está creciendo totalmente sano, no hay de qué preocuparse —el médico dijo, tranquilizándola.
Raf