Cuando la música de la entrada de la novia comenzó a sonar, Rafaela se aferró con fuerza al brazo de su padre.
—No te preocupes, hija, papá está aquí —dijo él, intentando tranquilizarla.
Al ver a Ethan en el altar, tan hermoso como si lo estuviera viendo por primera vez, su corazón latió con tanta fuerza que hasta las piernas le temblaron.
—Papá, por el amor de Dios, no me dejes caer —pidió, sintiendo cómo le sudaban las manos.
Avanzando lentamente por la pasarela espejada, montada en el jardín