Rafaela intentó mantener la calma mientras explicaba, sintiendo cómo crecía el malestar.
—Estoy diciendo esto porque sigues recordando aquella noche —se justificó, intentando mantener un tono neutro, pero la expresión victoriosa en el rostro de Ethan le provocó un leve escalofrío.
—Parece que te dejé nerviosa —él provocó, con una sonrisa de satisfacción curvando sus labios.
—¿Sabes una cosa? Estoy aquí para intentar distraerme, pero me parece que quedarme aquí es peor que si estuviera en casa —dijo, levantándose de su asiento. —Me voy, espero que tengas un buen día —finalizó, dejando a Ethan y saliendo rápidamente de allí.
Kate, que hasta entonces estaba concentrada en los caballos, notó a la amiga salir apresuradamente y corrió tras ella, preocupada.
—Ey, ¿adónde vas? —preguntó Kate, alcanzando finalmente a la amiga.
—Voy a casa, Kate. Este no es el tipo de lugar que me distrae —respondió Rafaela, sin esconder la frustración.
—Entonces voy contigo. Déjame solo despedirme de los chico