Horas después, Katherine aún no podía dejar de mirar su vientre.
—¿Cómo voy a volver... con un cachorro dentro? —susurró para sí misma desesperada.
Ni siquiera lo había procesado bien.
El silencio de la habitación era sepulcral. El eco de sus palabras pareció más fuerte que su propia voz.
Se abrazó a sí misma, sentada en el borde de la cama, con el cuerpo tembloroso. Sus pensamientos eran un torbellino que no podía detener.
El futuro, su tiempo, Cassian, la marca... el cachorro.
Todo se le vení