El frío golpeó la piel de Adhara antes de que sus ojos lograran enfocarse. Lo primero que registró su mente no fue el lugar, sino el peso cálido y protector que la envolvía.
Stephano estaba allí, rodeándola con sus brazos fuertes recordándole que todo lo que habían vivido no era un sueño.
Enseguida sintió en su vientre el cosquilleo conocido causado únicamente por la cercanía de ese macho.
A pesar de la dureza del suelo, ella se sentía en el lugar más cómodo solo porque estaba entre sus brazos