Stephano la llevaba en brazos con facilidad como si no pesara nada mientras que Adhara forcejeaba, empujando su pecho desnudo y sudado pero él no aflojó el agarre.
—¡Bájame ahora mismo! —gruñó ella retorciéndose—. ¡No soy una cachorra que puedes cargar cuando te dé la gana!
Stephano no respondió.
Siguió caminando con paso firme hacia el interior del bosque, alejándose de la manada, poniéndola nerviosa aunque ella lo camuflara muy bien fingiendo enojo.
Adhara sintió que su corazón latía con fue