Dos semanas después, a la casa de la manada del Bosque Oscuro llegaban todos los días flores frescas, cajas envueltas con cuidado y notas perfumadas, distintos regalos que buscaban complacer a la hembra.
Adhara estaba sentada mirando con ligero fastidio el último regalo, un delicado brazalete, lo giró entre los dedos sin entusiasmo.
Los únicos regalos que se moría por abrir eran los enviados sin nota pero que ella perfectamente sabía que pertenecían a Stephano, su aroma estaba impregnado en eso