Stephano la llevó hasta el interior de la casa y cerró la puerta con el pie.
Adhara retrocedió un paso alejándose de su toque.
Sus ojos buscaron los de ella con una intensidad que la hizo contener el aliento de inmediato.
—Sé que me equivoqué —dijo con voz baja y ronca, cargada de emoción—. Sé que ocultarte la verdad te dolió y que tienes todo el derecho a odiarme. Pero necesito que me escuches, Adhara. Solo una vez, sin interrupciones, después de eso decidirás lo que quieras y yo haré lo que m