Los cachorros se fueron a su habitación y Katherine comenzó a contarle todo a sus padres y abuelos.
—¿Seguro que no quieren ayuda? —preguntó Kieran preocupado.
—No es necesario —dijo Cassian que había permanecido en silencio detrás de ella todo ese tiempo.
Los machos de su manada fruncieron el entrecejo y Katherine suspiró.
—La ayuda que necesitamos es que cuiden de nuestros cachorros mientras fingimos, todo está bien, papá. Te lo prometo.
Kieran acarició la mejilla de Katherine y suspiró.
—Sabe