Cuando Maverik se ofreció a acompañarla a caminar por los jardines, ella aceptó.
—No esperaba esa reacción de los cachorros —dijo Maverik al fin con un tono suave que parecía contener un suspiro.
Katherine apretó los dedos dentro de sus mangas sin mirarlo.
—Son niños —respondió ella—. Yo tampoco entiendo por qué actuaron de esa manera.
Él asintió sin reproche, sin molestia.
Solo comprensión.
—Sé que no les agrado aún —dijo Maverik—. Pero puedo ganármelos. Puedo intentarlo todo, Kath. Haré lo qu