El calor de sus manos llegó antes que su voz.
Ese tacto firme, posesivo, que reconocería entre mil...
Cassian.
—Mía —gruñó contra su oído,m envolviéndola por detrás mientras su aliento golpeaba la curva de su cuello.
Su corazón se detuvo ante el repentino sonido de su voz.
Esa misma voz que no había escuchado durante años, pero a la que siempre había añorado.
Katherine no supo en qué momento había llegado, ni cómo habían llegado allí. La habitación estaba en penumbra, la única luz provenía de la