Adhara estaba sentada a un lado de su padre y su abuelo Kian.
Amarok tenía la mandíbula al igual que Kian, era obvio que a los sobreprotectores lobos no les gustaba nada, lo que ella estaba haciendo.
—Esto es una locura —gruñó Amarok clavando la mirada en su hija—. Estás haciendo esto por despecho, Adhara. ¿Lo que dijo Stephano es verdad? ¿Él es tu...?
Adhara no lo miró.
Sus ojos estaban fijos en el centro de la arena, donde dos machos enormes ya se preparaban para la primera pelea.
—Estoy ha