La huida plateada.
**Lía**
Cuando hice la pregunta… la habitación se congeló.
—Kael… ¿qué pasó con tu madre?
Lo sentí en el pulso, en el aire, en la marca que brilló apenas para apagarse enseguida, como si también supiera que había tocado un borde prohibido.
Él apartó la mirada primero; luego me apartó a mí. No bruscamente ni con furia, pero sí con miedo, quizá.
—No hables de eso —dijo, sin voz.
—¿Por qué? —susurré— ¿Qué temes que descubra?
Pero Kael retrocedió un paso, después otro. No me miraba.
—Lía… no insistas.
Su espalda, tan ancha y firme, ahora parecía un muro levantado entre nosotros. Su silencio me apretó el pecho más que cualquier demonio.
—No puedo seguir sin respuestas —logré decir.
Él no respondió. Solo se dio vuelta y alcanzó a decir:
—Sigue durmiendo.
Ese fue el instante exacto en el que algo dentro de mí se quebró. No por enojo ni por orgullo, sino por agotamiento.
Todos ocultaban algo: los ancianos, la sombra, Kael… incluso mi propia marca. Cada pieza de mí buscaba comprender, y cada i