La huida plateada.
**Lía**
Cuando hice la pregunta… la habitación se congeló.
—Kael… ¿qué pasó con tu madre?
Lo sentí en el pulso, en el aire, en la marca que brilló apenas para apagarse enseguida, como si también supiera que había tocado un borde prohibido.
Él apartó la mirada primero; luego me apartó a mí. No bruscamente ni con furia, pero sí con miedo, quizá.
—No hables de eso —dijo, sin voz.
—¿Por qué? —susurré— ¿Qué temes que descubra?
Pero Kael retrocedió un paso, después otro. No me miraba.
—Lía… no insist