**Lía**
El día amaneció denso, gris, como si el cielo cargara un secreto que no estaba dispuesto a revelar.
Caminamos en silencio hacia el Linde. Kael avanzaba tenso, alerta, como si cada paso pudiera despertar algo bajo la tierra. Yo sentía la marca inquieta, no ardiendo… sino expectante, como si supiera exactamente adónde íbamos.
La cabaña apareció entre árboles retorcidos, cubierta de símbolos antiguos que parecían respirar. Antes de que Kael pudiera anunciarse, la puerta se abrió sola.
—Llegaron tarde —dijo una voz desde el interior— Pero no más de lo que esperaba.
La bruja del Linde estaba de pie junto al fuego. No parecía sorprendida de vernos. Al contrario… daba la impresión de haber estado esperando este momento.
—Otra vez ustedes —murmuró— el Alfa marcado… y la Luna plateada que aún no comprende lo que es.
Kael frunció el ceño.
—Perdí el control —dijo sin rodeos.
La bruja no respondió de inmediato. Caminó lentamente a nuestro alrededor, observándonos con atención, como quien