**Lía**
Me hicieron llamar al amanecer, el salón del consejo estaba frío, silencioso, con ese olor a piedra húmeda que siempre anunciaba problemas. Los ancianos me observaban con una seriedad que me atravesó la piel. No me miraban como la Luna de su Alfa.
Me miraban como si fuera un riesgo.
—Tres lobos heridos —dijo Aeron, su voz tan afilada como su mirada—. Y nadie entiende cómo ocurrió.
—Fue un accidente —respondí, intentando controlar el temblor—. No pude…
—Ese es el problema —me interrumpió